Autónomo y gestión del tiempo ¿Matrimonio imposible?

Cuando uno trabaja por cuenta ajena es sencillo: hay un horario que se debe cumplir. Punto. Pero cuando uno trabaja de manera autónoma la tendencia es no tener horarios porque no se tiene en cuenta la importancia de una buena gestión del tiempo. Y ese es un gran error que se puede pagar muy caro en forma de desgaste físico y mental que acabará repercutiendo negativamente, tanto en la productividad como en la calidad del trabajo.

¿Es tan difícil gestionar eficazmente el tiempo? Para la inmensa mayoría, sí. Por eso es necesario pararse un momento a pensar, a analizar y a establecer una serie de medidas y rutinas que ayuden a no pasarse la vida trabajando para acabar con la sensación de que nunca se hace todo lo que se había planeado. ¿Cómo conseguirlo? Vamos a dar algunas claves:

  • Planificar: una agenda es esencial. Hay que planificar el horario de trabajo, pero hay que hacerlo de una manera realista y, lo que es más complicado, ser capaz de cumplirlo. Si solo somos capaces de hacer dos tareas no hay que planear cuatro, pero hay que comprometerse a hacer esas dos y no otras. Y hay que plantar prioridades.
  • Establecer un horario: hay que plantearse unas horas de trabajo y unas horas de descanso. Un horario racional que también hay que estar dispuesto a cumplir. Pero antes, lo mejor es analizar qué periodos son los más productivos para nosotros y en qué horas rendimos menos, para adecuar el trabajo a los momentos más propicios. A veces la productividad depende mucho de la hora, en este aspecto no todo el mundo es igual.
  • Evitar interrupciones: el horario de trabajo establecido debe ser sagrado. Hay que olvidarse del teléfono personal, de las redes sociales y del timbre de la puerta si se trabaja en casa. Todo eso son “ladrones de tiempo” que harán que el trabajo se ralentice, se pierda la concentración y no se llegue a tiempo de acabar los trabajos
  • Flexibilidad: Hasta ahora hemos sido muy rigurosos con horarios y trabajos planificados. Pero también es cierto que por propia salud mental de vez en cuando hay que ser flexibles. No siempre se rinde igual o uno se encuentra en las mejores condiciones. Si un día no se llega no pasa nada y no hay que flagelarse por ello. Aunque también es cierto que no hay que convertirlo en costumbre.